Guitar Ops
Guías prácticas

El enemigo silencioso de tu guitarra, y no, no es un golpe.

Una guitarra está hecha de madera, y la madera es un material vivo: se mueve un poco según la humedad y la temperatura del ambiente. No hace falta que te lo tomes como algo delicado o complicado — solo hay tres cosas sencillas que, si las tienes en cuenta, te van a ahorrar disgustos (y visitas al luthier) con el tiempo.

La humedad es lo que más importa

Lo ideal es que el aire alrededor de tu guitarra no esté ni muy seco ni muy húmedo — un punto intermedio, parecido a una habitación normal y agradable para vivir.

Si el ambiente está muy seco (típico en invierno con la calefacción encendida todo el día), la madera se encoge un poco. Esto se nota en cosas como:

  • Los trastes (esas barritas metálicas del mástil) empiezan a notarse un poco salidos por los lados, como si rascaran.

  • Las cuerdas quedan más cerca del mástil de lo normal y empiezan a sonar con un zumbido raro al tocarlas.

  • En casos más serios, puede llegar a salir alguna grieta fina en la madera.

Si el ambiente está muy húmedo, pasa lo contrario: la madera se hincha un poco, las cuerdas quedan más altas (cuesta más pisarlas) y el sonido se apaga un poco.

Un truco fácil: puedes comprar un higrómetro (un aparatito pequeño que mide la humedad del aire, cuesta poco) y meterlo dentro de la funda. Así sabes si tienes que hacer algo, en vez de ir adivinando.

La temperatura: sentido común, pero real

La regla fácil de recordar: si tú no aguantarías bien esa temperatura, tu guitarra tampoco. Cosas a evitar:

  • Dejarla al sol directamente, aunque sea un rato corto.

  • Dejarla en el coche — tanto en verano (se calienta muchísimo y muy rápido) como en pleno invierno con mucho frío.

  • Tenerla pegada a un radiador, una estufa, o justo donde da el aire acondicionado.

Un detalle que mucha gente no sabe: si vienes de la calle con mucho frío y entras en casa, mejor no abras la funda enseguida. Deja que la guitarra se adapte a la temperatura de la habitación durante quince minutos más o menos, todavía cerrada dentro de la funda. El cambio brusco de frío a calor es precisamente lo que más daña el barniz.

La funda no es solo para no rayarla

Una funda rígida hace más de lo que parece: como está cerrada, el aire de dentro cambia mucho más despacio que el de la habitación. Es como una pequeña "cápsula" que protege a la guitarra de esos cambios bruscos de los que hablábamos.

Si vives en una zona con inviernos muy secos, existen unos humidificadores pequeños que se meten en la funda y sueltan humedad poco a poco — no cuestan mucho y ayudan bastante. Si es al revés y vives en una zona muy húmeda, hay unos sobrecitos (parecidos a los que vienen en las cajas de zapatillas) que hacen justo lo contrario.

En resumen, sin complicarse

No hace falta obsesionarse con esto ni medir nada todos los días. Basta con:

  • Guardar la guitarra en su funda cuando no la estés tocando, en vez de dejarla apoyada por ahí todo el día.

  • Evitar los sitios que hemos comentado: coche, sol directo, radiador.

  • Si quieres ir un paso más allá, un higrómetro dentro de la funda por unos pocos euros te avisa antes de que haya un problema.

Con estas tres cosas, tu guitarra debería estar igual de bien en pleno invierno que en pleno verano.